

Cuando en 1585 nació María Ward cerca de York, hacía
sus estragos en Inglaterra la más cruel de las persecuciones religiosas
que ha sufrido Europa. A causa de las nuevas leyes anglicanas se organizaron
verdaderas cacerías en persecución de los católicos.
Morir en la horca, era la sanción que la ley asignaba a los sacerdotes.
No obstante, muchos jóvenes estudiaban teología en el continente,
volvían luego como misioneros y ejercían su ministerio clandestinamente.
A María Ward le tocó vivir la ejecución de tres de sus
parientes, martirizados por el mero hecho de ser sacerdotes. Su abuela, con
quien estuvo durante mucho tiempo, había pasado catorce años
en la cárcel.
No viendo María Ward en aquel entonces, ninguna posibilidad de trabajar, como mujer, en el apostolado, maduró en ella la convicción de que estaba llamada a rezar y ofrecer su vida, dentro de una Orden religiosa, por su patria destrozada. Hubo oposición por parte de su padre, quien pretendía casar a su hija con el conde de Westmoreland. Pero superadas las dificultades, en 1606 ingresa en el Convento de las Clarisas de Saint Omer (Flandes); sale en 1607 pues entiende que Dios quiere llevarla por otro camino. Vuelve por un tiempo a Inglaterra: “Trabajaba día y noche para ganar almas, menospreciando todos los peligros que amenazaban su vida y su honra”. Su campo de misión eran las tertulias de los nobles, pero también los barrios de los pobres de Londres. En 1609, a los 24 años de edad, fundó en Saint Omer, con cinco jóvenes de la nobleza, una nueva comunidad religiosa. Dos años más tarde el número de las “Damas Inglesas” ya ascendía a cincuenta. Pero estos años de búsqueda de la forma de vida adecuada al fin propuesto, fueron los más duros en la vida de María Ward, más duros que todo lo que en los años subsiguientes tendría que soportar... En 1611, después de averiguar y rezar mucho, María Ward conoció claramente la voluntad de Dios: debía crear un Instituto similar a la Compañía de Jesús, gobernado por mujeres y sin clausura, (cosa que entonces parecía revolucionaria). Su objetivo: la actividad apostólica, especialmente entre personas de su sexo, y la educación de la juventud femenina. Luego funda una filial en Londres. Las Hermanas visitan los hogares para preparar a niños y adultos a la recepción de los Sacramentos, atienden a los enfermos y ayudan, cuanto pueden, al trabajo clandestino de los sacerdotes. Aunque María Ward se sabe proscrita vuelve, siempre de nuevo, a Inglaterra: es apresada varias veces; puede fugarse; es condenada a muerte, pero “no obstante, se libró”. Fundó casas en Lüttich, Colonia, Tréveris, Roma, Nápoles, Perugia, Munich, Viena, Pressburg. Estas mujeres sienten, a través de las urgentes necesidades de la Iglesia, la llamada a una entrega sin reservas, a caminar por caminos nuevos.
En un principio su actividad halló el beneplácito del Papa, pero luego surgió y fue creciendo la oposición contra su obra por parte del clero inglés y de la Curia Romana. Incomprensión de la actividad apostólica de la mujer, sospechas y calumnias de toda índole, obligaron a María Ward a defender su Instituto delante del Papa con un valor inaudito. Lo único que le preocupaba: la Voluntad de Dios. No obstante todos sus esfuerzos, Urbano VIII suprimió el Instituto en 1631; María misma fue encerrada como hereje en Munich. Aunque el proceso de la Inquisición terminara con la justificación plena de María Ward; el Instituto de la “Bienaventurada Virgen María” no obtuvo la aprobación definitiva por parte de la Santa Sede hasta 1877 con Pío IX y la rehabilitación de María Ward hasta 1909. En 1645 murió María Ward en su patria, con una serenidad imperturbable y gozosa, emanada de su “osadía” de realizar, a lo largo de su vida, sólo el Plan de Dios.
Las ideas innovadoras de María Ward se pueden resumir:
Actualmente:
El Instituto trabaja en la alfabetización, en los colegios, en el campo de la promoción humana, especialmente de la mujer. Donde la situación lo requiera, la actividad se extiende a la pastoral rural, la asistencia social, cuidado de los ancianos, niños de la calle...
Está presente en:
Bibliografía: G. Kranz, Politische Heilige und Katholische Reformatoren (1958); L. Höfer/A. Scherer, Heilige in Krisenzeiten der Kirche (1975)