
Comentario realizado por Edurado Merino
Se la atribuye a Einstein, puede que de manera errónea, haber dicho: “La educación es lo que queda después de haber olvidado todo lo que aprendimos en la escuela”. Para nosotros, 10 años después de haber hecho la Selectividad y dejado el colegio, es el momento de volver donde estudiábamos y ver al mismo tiempo, dentro de nosotros, qué hemos olvidado y qué ha permanecido en nosotros. Y es que hace 10 años que hicimos los últimos exámenes trimestrales Selectividad y dejamos el colegio. Desde entonces, todos hemos cambiado, nosotros y el colegio. Así que estábamos expectantes por ver cómo habían cambiado compañeros, profesores y edificio.
10 años son bastante tiempo, pero al subir la cuesta hacia el colegio no parecía que nos hubiéramos ido, era como volver a casa. Nos habíamos juntado unos cuantos de clase, algunos están fuera, otros tenían que trabajar. Pero lo importante era vernos y recordar tiempos pasados.
La entrada al vestíbulo ya nos dejó impactados: ¡estaba allí la madre Hildegard! Parece que ninguno esperábamos que estuviera allí. Es después de salir del colegio cuando uno se da cuenta de lo importante y útil que puede llegar a ser el alemán… muchos se han ido de Erasmus, otros siguen fuera, algunos incluso se han casado o se casarán en breve con alguien a quien conoció por esos mundos. ¡Esto es la globalización!
Hay novedades: la capilla sigue donde estaba, pero ahora la misa se celebra en otra sala. Existe un nuevo salón de actos, un frontón, ¡incluso una planta nueva! Ha habido muchos cambios, por lo que parece. Pero después vimos a muchas personas que nos acompañaron durante nuestros años en el colegio y respiramos aliviados: no todo ha cambiado, menos mal. Vemos a la madre Asunción, que se acuerda perfectamente de nosotros, saludamos a muchos profesores, algunos de los cuales nos dieron clase en los primeros cursos, y otros algo más tarde (Lo siento, Luis, sigo sin saber dibujar…) Ya seguiremos más tarde con los saludos, vamos a la eucaristía, ¿nos acordaremos de la letra de las canciones? Veo que sí, aunque hemos perdido algo de práctica a la hora de cantar.
Durante la misa dijo el sacerdote algo que nos hizo reflexionar: ciertamente, Mary Ward era avanzada para su tiempo y lo que hoy llamaríamos una feminista. Sus herederas lo son también: de cualquier cosa puede uno hablar con las religiosas, el colegio tiene una página web, y desde luego el cole no se queda atrasado en los tiempos que corren. Pero ya estamos impacientes por echarle un vistazo a las novedades, los campos, las aulas, incluso las persianas se suben y bajan de otra manera… y por fin, tras una opípara comida, pudimos dedicarnos al deporte favorito de los exalumnos: ver qué ha sido de los profes. Hemos vivido muchos momentos a su lado, algunos buenos y otros algo más duros. Pero ahora ellos quieren saber qué ha sido de nuestras vidas y nosotros qué ha sido de las suyas. Ésta es sin duda alguna una de las mejores partes del regreso al cole. Unas palabras junto con el hojaldre y el solomillo nos lo confirma: el mundo sigue girando, unos alumnos se van y otros vienen, pero algo del colegio ha debido quedar en nosotros, y algo hemos debido dejar nosotros allí, puesto que tanto nos gusta sentarnos en ese gimnasio al que tantas vueltas hemos dado, y recordar los viajes, excursiones, montañismo, bailes de primavera y mil aventuras más que hemos vivido.
Ahora lo entiendo: a esto se refería la madre Pilar hace años cuando nos hablaba de la parábola de los talentos: uno de los sirvientes enterraba los talentos, temeroso, pero otro los utilizaba, sacándoles partido. 10 años después, vemos qué hemos sacado de los talentos que recibimos. Ahora que estamos en época de crisis financiera, es momento de hablar de inversiones y rentabilidad: nuestros activos más importantes son estos talentos. Cuando oigo a mis compañeras hablar de lo que están haciendo, no puedo sino admirar lo que estos talentos han dado de sí. Pero no debemos olvidar que, como dijo Isaac Newton, si podemos mirar lejos es porque estamos subidos a hombros de gigantes. Y estos gigantes son los que durante años han convivido con nosotros y nos han ayudado con nuestra educación, y a los que ahora estamos encantados de volver a ver.
Un guiño al tiempo Comentario realizado por Eva Díaz
Las voces comenzaron a ser más fuertes en el hall del colegio. Eran las 12 pasadas y con frases como: «¡Pero… Si eres tú! , ¡No te había reconocido!» o por el contrario «¡Estás igual!», llegamos a la eucaristía en el piso superior.
El oído es un sentido muy recurrente de recuerdos y con una guitarra y una flauta travesera canciones como Alabaré –Alabaré y Santo, santo es el Señor, nos evocaban a aquellas misas de uniforme y olor a vela.
Como tantas otras veces hicimos en el pasado sin permiso, deambulamos por el colegio intentando ver en cada rincón un breve trocito de nuestro paso por ese lugar. Sin embargo veíamos claramente que no sólo nosotros íbamos cumpliendo años y cambiando. También, el colegio de Zorroaga con casi sus 50 años había evolucionado con el tiempo.
Este intenso día que culminó con la comida en el gimnasio, me hizo reflexionar sobre nuestros cimientos como personas. Estos se fueron construyendo en ese entorno, con esos profesores y compañeros que aquel 14 de marzo los tenía delante una vez más. Un guiño al tiempo, un retomar sentimientos olvidados. Y sin duda alguna – me dije- lo que ahora somos es fruto de ese cruce de caminos. Hace muchísimos años, tantos que no quiero ni contarlos, la Andereño me escribió una cita muy conocida en la parte trasera de la foto anual que decía: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar…». Es una frase que me ha acompañado desde entonces y no podía más que sonreír y agradecer a todos el haber caminado conmigo durante un trozo de mi vida.