“el sueño, ¡qué importante!”.
El martes 15 de febrero, a las 15:30 de la tarde, el grupo de infantil volvió a reunirse.
Antes de comenzar a desarrollar el encuentro, deciros que nuestro discurso se centró en esos “problemillas” con que solemos enfrentarnos, generalmente cada noche, y que deseamos que pasen cuanto antes porque, como todos sabemos por experiencia propia, el dormir es vital para nuestra salud.
Necesitamos dormir para descansar y reponer fuerzas. Pero a los niños/as, no sólo les sirve para eso, sino, sobre todo, para regular su sistema hormonal. Digamos que se realiza la puesta a punto de todas las hormonas que se segregan en su cuerpo. Como por ejemplo la hormona del crecimiento.
Por otro lado necesitamos dormir para recuperar las funciones vitales. Nuestros órganos (corazón, hígado, pulmones,…) necesitan recargarse de energía durante la noche y si no dormimos, pueden empezar a resentirse.
Dormir para organizar y memorizar lo aprendido durante el día.
Pero, nuestros niños/as, ¿cuánto tiempo necesitan dormir? He aquí lo que los expertos recomiendan:
- 3 años (siesta + unas12h nocturnas)
- 4 años (entre unas 11h y media y 12h nocturnas)
- 5 a 12 años (unas 11 h nocturnas)
DIFICULTADES RELACIONADAS CON EL DORMIR
ANTES DE DORMIR
Comentaros que el sueño deja de ser para el niño una necesidad natural cuando siente que lo “despachan” a la cama, como tendemos a hacer la mayoría de padres atareados y deseosos de disponer de un momento para nosotros mismos. Les parece una falta de consideración, y sienten la necesidad de hacerse notar. Su reacción viene a ser, inconscientemente: “si me levanto muchas veces, mis padres estarán pendientes de mí”. Si esta conducta atrae la atención de los padres, se perpetúa y reproduce de forma automática: cuando el niño se resiste a ir a la cama recibe más atención que cuando se acuesta enseguida y sin rechistar.La instauración de una rutina a la hora de acostarse ayudará a establecer unas pautas que acabarán siendo aceptadas por los niños/as siempre y cuando los padres las lleven a cabo sin flaquear. Y de común acuerdo.
DURANTE LA NOCHE
¿Qué debemos hacer cuando un niño/a que duerme normalmente bien se despierta por las noches?Lo primero que comentábamos era que debemos andar con pies de plomo, pues existen muchas probabilidades de que empleemos numerosas técnicas (mimos, peticiones, caricias, cambio de cama, duermo contigo…) dirigidas todas ellas, al logro de nuestro objetivo fundamental: seguir durmiendo cuanto antes.
La respuesta que demos al niño/a en ese instante puede ser vivida como un premio por haberse despertado, lo que le animará a repetirlo en el futuro.
De ahí la importancia de no caer en su juego. Y para ello nada mejor que, una vez de que nos cercioremos de que todas sus necesidades han sido satisfechas, les demos las buenas noches y los dejemos en sus camas. Lo intentarán todo por llamar nuestra atención, pero hemos de “resistir”. Acciones como ignorar sus peticiones o llevarlos a la cama (en caso de que se levanten y aparezcan en nuestra habitación) sin decirles nada (ya saben que es la hora de dormir) merman nuestras fuerzas a pasos agigantados. Desgastan debido a que son situaciones muy intensas, pero debemos mentalizarnos que es mejor sufrir una molestia momentánea que aguantar peores consecuencias en el futuro.
Recordemos que la forma en que reaccionemos en ese instante es decisiva.
DESPUÉS DE DORMIR
¿Quién tiene la gran suerte de levantarse a una hora prudencial los fines de semana o en vacaciones? Mi enhorabuena a aquellos que lo vivencien.El despertar temprano de nuestros niños/as resulta duro: son la diana que no deseamos escuchar.
Ante esta situación, no queda mucho por hacer. No está de más que averigüemos si existe algún motivo para que se despierte tan temprano (ruidos, luz,…). Por otro lado, podemos asegurarnos de que tiene objetos suficientes para entretenerse una vez despierto/a, no teniendo así necesidad de despertarnos. Instalar un punto de luz a su altura puede ayudar.
A modo de conclusión, las siguientes líneas que espero hagan florecer un atisbo de esperanza a todos los sufridores/as:
Es esencial recordar una regla básica de estos pequeños trastornos del sueño: un día el problema dejará de plantearse. Es decir, o bien los niños/as se dormirán o, si continúan despertándose, aprenderán a distraerse por sí mismos, sin molestar a sus padres. El problema aquí, es que no sabemos cuándo llegará ese día.
Antes de despedirnos, indicaros algunos de los recursos que fueron mencionados y que pensamos pueden venir bien, a quienes deseen poder dormir sin necesidad de preguntarse cuántas veces se levantarán esa noche.
- Duérmete, niño. Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar
- Dulces sueños, sin mimos ni lloros. Editorial Planeta, Mª Luisa Ferrerós.