1º encuentro de FEAC de Infantil
“Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa”
El martes día 18 de octubre, dimos el pistoletazo de salida a nuestros encuentros mensuales de Familia Escuela Acción Compartida (FEAC).
Tras leer la lectura que aparecía en el boletín, comenzamos a centrar el tema.
Sabemos que estamos inmersos en una sociedad que lleva un ritmo de vértigo: siempre exige más. No hay lugar para quien desee ralentizar esa velocidad ya que, una vez apeados, no conseguimos volver a “enganchar”.
No tenemos muy claro que esto sea así. Sin embargo éste es el mensaje que se nos transmite y que, de forma consciente o inconsciente, transmitimos.
Analizando una primera corteza, observamos que los niños de hoy día llevan un horario propio del adulto (academias, deberes, extraescolares,...).
Como padres, queremos que aprendan de todo, al mismo tiempo y rápido. Intentamos darles lo mejor de todo y hacer de ellos los mejores para todo. Y en esta situación, no nos damos cuenta de que podemos llegar a exigirles más de lo que pueden dar.
Ejercemos pues una especie de “hiperpaternidad”. Siempre vigilantes, siempre controlando al milímetro. Estamos dispuestos a apuntar a nuestros niños/as en mil actividades con el único fin de descubrir en cuál de ellas despunta para sacar partido.
¿Por qué actuamos así?
Desde esta sociedad se nos vende lo siguiente: la infancia es demasiado preciosa para dejásela a los niños/as. Y los niños/as son demasiado preciosos para dejarlos solos.
¿Hemos pues, secuestrado la infancia de nuestros hijos/as?
Los hijos/as pasan a ser el centro del universo de sus padres y la Ley protege sus derechos. Sin embargo, algo sigue fallando. Y en este desequilibrio, pagamos un precio: niños/as obesos, agotados, lesionados, depresivos, con ansiedad, no son capaces de valerse por ellos mismos, etc.
¿Hasta cuándo? Empecemos a cortar ese cordón umbilical. Empecemos a aprender a relajarnos. En pequeñas dosis y guardando un equilibrio.
Seamos conscientes de que los niños/as necesitan tiempo y espacio para explorar el mundo por sí mismos. Aprenden a pensar, a imaginar, a tener relaciones, a coger gusto por las cosas,... el control excesivo por nuestra parte mitiga, llegando a sofocar, este tipo de aprendizajes. Logra que esta magia del logro personal desaparezca, pasando a ser algo aburrido y artificial.
Ayudarles a formarse en todas las dimensiones (física, intelectual, emocional, social, ética y transcendente) pasa por una distribución equilibrada del tiempo.
¿Cómo tenemos distribuido el día a día de nuestros hijos/as? ¿Es la distribución ideal? ¿Pueden con todo?
La respuesta es bien sencilla. Lo organizamos así porque, en la mayoría de los casos, no hay otra opción. Nuestros propios horarios y quehaceres nos aprisionan de tal manera que terminamos introduciendo a nuestros hijos/as “a presión” en los pequeños huecos que poseemos.
Al ordenar prioridades para esta distribución, ¿respondemos a las necesidades del descanso, del dormir, del moverse, del jugar, del relajarse, del relacionarse, de la familia, del aprender, del aprobar, de descubrir intereses, de desarrollar talentos, aficiones, etc? ¿De quién son las prioridades? ¿Suyas o nuestras?
En la medida de o posible, comencemos a hacer pequeñas concesiones.
Ordenar prioridades nos ayuda a llevar una vida más equilibrada y por ende, fomentamos la creación de un buen sustrato cara a un futuro.
Su futuro.
Creo que merece la pena, ¿no?